lunes, 6 de febrero de 2017

Elige la calma ▀ PACIENCIA ▀

Es encarar un retraso o una situación problemática sin quejarse. Es estar en calma y ser tolerante cuando las cosas difíciles pasan. Es mirar hacia el final... desde el comienzo.


Aplicación

Practico la paciencia cuando....
  • Establezco metas y me adhiero a ellas hasta que las alcanzo.
  • Realizo ahora algo que me ayudará en el futuro.
  • Acepto las cosas que no puedo controlar con humor y buen modo.

Afirmación

Soy paciente, establezco metas y persevero hasta que las alcanzo.  Soy gentil con otros y conmigo mismo, aún cuando ambos cometemos errores.

Reflexión 

¿Por qué es tan difícil ser paciente con algunas situaciones? ¿Es el orgullo o la soberbia  lo que sepulta la  paciencia?  ¿O es el excesivo afán por alcanzar y conseguir cosas lo que desestabiliza, perturba e impacienta?

Estamos  condicionados y programados para dar respuestas inmediatas. Nos molestamos cuando algo no funciona como queremos.
No nos gusta esperar, nos impacientamos con facilidad.
Debido a esta impaciencia perdemos todo lo bueno de la vida. Nos enojamos y nos llenamos de resentimiento hasta que, finalmente, nos sentimos insatisfechos y descontentos con la vida.

¿Cómo lograr y mantener el equilibrio en nuestra vida?

¿Cómo trabaja el jardinero? Selecciona el terreno y, según la temporada, siembra las semillas apropiadas. El disfruta de su trabajo: labra la tierra, esparce las semillas y más tarde riega la planta; sin embargo, en última instancia sabe que es la naturaleza la que manifestará su milagro de vida. El jardinero debe estar siempre atento, asegurándose de que haya suficiente agua, que no ataquen los insectos; pero no puede dominar el proceso. El coopera y colabora con la naturaleza, pero no debe interferir. El jardín más hermoso es el producto de la asociación entre él y la naturaleza. El acata sus leyes, comprendiendo cuándo ha de participar y cuándo esperar. El verdadero éxito se basa siempre en la asociación. Una verdadera asociación no sólo acepta el propio papel sino también el de otras personas. Permitimos que otros contribuyan, sin pasar por alto nuestras responsabilidades. La gente se olvida de mantener el equilibrio.

El jardinero debe comprender la ley del equilibrio; de otra manera hará demasiado o muy poco, y la belleza y  productividad del jardín se verán mermadas. El jardinero debe respetar el tiempo; debe tener la paciencia de esperar la estación adecuada para sembrar, porque si determinadas semillas se plantan en el momento equivocado o en el lugar erróneo de nada servirá la atención que se les brinde. Sin embargo, no basta con tener paciencia; si no se entiende lo que es apropiado, la paciente espera no concuerda con la  verdad de una situación. 

Calmar la mente: es bueno, es necesario 

No dejes que tu mente se perturbe.

Una mente perturbada se deja influir con facilidad, y eso te costará la paz.
Aprende a mantener tu paz liberándote de los apegos.

Si compites o te comparas con los demás no podrás enfocarte hacia adentro. Al concentrarte en tu interior mantendrás la atención sobre tu ser más elevado, recordarás tu naturaleza original y podrás forjar una unión con lo divino. Así te resultará fácil reconocer los pensamientos inútiles y reemplazarlos con una perspectiva espiritual.

La introversión reemplaza la tristeza interna por alabanzas a Dios.
Te sientes deleitado. Te sientes renovado.
Dios nos enseña cómo volvernos hacia adentro, así que escucha muy cuidadosamente.
Revísate y cambia
No esperes a que los demás digan algo.
Una mente calmada no es sólo pacífica; está enfocada, introvertida y es divina.

Cuidemos nuestros pensamientos 

Una persona conocedora comprende que no gana nada pensando sobre los demás. Los pensamientos y sentimientos puros hacen todo el trabajo, y no hay necesidad de pensar nada más. La calidad de tus pensamientos afectará a tu esfuerzo espiritual. Así pues, no dejes de revisarlos. Si no lo haces, tu forma de pensar acabará por volverse bastante corriente, y dejará de ser espiritual.

El síntoma de esto es que tu mente se acelera y empiezas a reaccionar aprensivamente ante menudencias. Te vuelves vulnerable, no sólo a la opinión de los demás, sino también a tu propia forma limitada de entendimiento. Los pensamientos pueden ser tu mejor amigo, o tu peor enemigo. Depende de ti. 

¿Es la paciencia una virtud o un inconveniente?


¿Tener paciencia significa que hay que someterse, quedar relegado y ser sumiso? La paciencia no tiene mucha cabida en este vertiginoso mundo materialista. “A quien madruga Dios le ayuda”; “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Estos sabios refranes antiguos se malinterpretaron totalmente, para dar a entender a la gente que no debe esperar innecesariamente.

¿Pienso que debo imponerme por todos los medios posibles para lograr que las cosas sucedan a mi ritmo de progreso?

Si hago esto, no solo pierdo la paciencia sino que también pierdo mi capacidad de control, como la de ser tolerante, de adaptarme, de cooperar y de discernir.

Cuando pierdo la paciencia, pierdo el control, un control que opera tanto en los niveles más burdos como en los más sutiles.  




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