domingo, 23 de abril de 2017

NO digo todo lo que pienso SI pienso todo lo que digo


"El sabio no dice nunca todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice"

A veces expresar descarnadamente lo que sentimos ser honestos transparentes representa un desafío un riesgo un tsunami desvastador. Pero lo hacemos corremos el despiadado peligro y afrontamos las consecuencias. Al final quedamos con la tranquilidad del "deber cumplido" con la paz que otorga el verbo punzante y febril. Lo hemos dicho nos hemos desangrado ya no hay vuelta atrás y la felicidad de la osadía el alivio del desgarro final nos invade para siempre.
La sinceridad está sobrevalorada. Sí eso creo pues es una virtud que ha sido devaluada confundiéndola con algo así como “lo siento pero te lo tenía que decir es que yo soy muy sincero/a”.

Al trabajar en entornos laborales veo cómo esa falta de tacto (unido en ocasiones a la falta de habilidad para frenarlos de quien “sufre” estos comentarios) puede ser el inicio de grandes conflictos. Lo mismo ocurre en el ámbito familiar o de amistades.
Para entenderlo mejor vamos a diferenciar algunos conceptos:

Sincericidio
Sinceridad
Insinceridad

Seguramente conocerás a alguien (puede que seas tú mismo/a) que dice todo lo que piensa.
Para las psicólogas Silvia Guarnieri y Miriam Ortiz de Zárate la extrema sinceridad o “sincericidio” es la emisión espontánea y sin filtro de toda clase de juicios automáticos que se emiten si reflexión y sin revisión.Estos juicios que pueden no tener la intención de dañar acaban molestando a quien los recibe por ser en ocasiones desproporcionados o por ser innecesarios.
Si padeces sincericidio puede que te hayas dado cuenta de que algunas personas te evitan. Obviamente tú no entiendes nada “¡con lo que sincero y honesto que has sido siempre!”. No te preocupes tiene cura.
Según estas autoras la diferencia ente sinceridad y sincericidio reside en un correcto equilibrio entre las conversaciones públicas (las que tenemos con los otros) y las que tenemos con nosotros mismos/as.
Se hace por tanto importante tomar conciencia de la nuestras conversaciones privadas y trabajarlas antes de hacerlas públicas de forma que el efecto en las otras personas sea exactamente el deseado.
Y claro llegados a este punto imposible no acordarse de Aristóteles y de su Virtud algo así como un punto medio entre el exceso y el defecto. Ahí es donde para él estaría la felicidad y la excelencia.
La habilidad para sopesar de forma adecuada qué conversaciones debemos tener y qué conversaciones debemos guardar ahí estaría la virtud…Qué fácil suena ¿verdad?
Pues en el fondo no es tan difícil se trata de aprender.Ser sincero no es decir todo lo que se piensa sino no decir nunca lo contrario de los que se piensa” (André Maurois)

Un toque de humor a este post: 
“La sinceridad duele” ( o jode,...o molesta )

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